Archive for the 'Ordnung und Sauberkeit' Category

Día de la unificación alemana

Hoy es día de fiestaaaa,

la luna llena sobre el poblado aurón…

laaa orquesta…

Ups, ya se me fue el santo al cielo. Ya me hallo.

Yo hoy quería hacer un homenaje al día de la unificación alemana, principalmente porque sin unificación mi vida habría sido completamente distinta; más que nada porque no habría habido manera de encontrar la razón por la que vine aquí, así que debo estar agradecida.

Para que vean que me lo tomo en serio he decidido intentar aprender la letra del himno alemán (más que nada por empatía y no sea que pienesen que no me quiero integrar).

Dice así:

Einigkeit und Recht und Freiheit


Für das deutsche Vaterland!


Danach lasst uns alle streben


Brüderlich mit Herz und Hand!


Einigkeit und Recht und Freiheit


Sind des Glückes Unterpfand;


Blüh’ im Glanze dieses Glückes,
  Blühe, deutsches Vaterland! 

Por lo que sé, lo compuso Haydn en 1797 y lo tienen en buen uso, doy fe. La pieza fue compuesta para el que fuera por entonces el emperador romano-germánico de turno. En este caso… Franz II. La letra es de August Heinrich Hoffman von Fallersleben (con un nombre así cualquiera compone himnos) y lo que hoy se canta es la tercera estrofa.

Como ya saben durante un tiempo (unos 40 años) Alemania estuvo dividida pero, por razones que ahora no vienen a cuento, volvió a unirse y el lado pobre (dícese de los que viven en el este) decidió admitir como propio (porque lo era) el himno que los del otro lado cantaban cada vez que ganaban competiciones internacionales.

Sólo espero que a nadie se le ocurra hacérmelo entonar. Con saber de qué va me vale.

Un saludo y feliz día para los que no tienen que trabajar.

* Los que quieran saber lo que significan no tienen más que ir a la Wikipedia pero vamos, que dice lo que todos los himnos dicen.

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El fútbol y los alemanes

Escribí ésto para que no se me olvidara pero creo que ha llegado el momento de sacarlo a la luz. Primero porque es una reflexión atemporal, vamos que podía haber pasado ayer mismo y porque dice mucho de los que van a la cabeza de Europa. No es ni bueno ni malo, pero creo que les dará algo en lo que reflexionar. Además pasó en verano.

En algún lugar de Alemania, 30 de Junio de 2012

Siguiendo el consejo del que me soporta voy a tratar de contar lo que pasó aquí hace un par de días. Como todo el mundo sabe en estos días tan convulsos, económicamente hablando, se da la casualidad de que está teniendo lugar el campeonato europeo de fútbol. Básicamente, mientras Europa cae en pedacitos, lo europeos andan más ocupados en saber quién va a ser el próximo campeón de fútbol. En fin.

El caso es que hace dos días (hoy es sábado) Alemania jugaba contra Italia en la semifinal (la otra semifinal la jugaron un día antes Portugal y España siendo la segunda la vencedora). A lo que voy. No habían pasado ni 30 minutos de juego y Alemania perdía por dos goles (2-0) contra una Italia supermotivada y un delantero que daba mucho miedo y jugaba mejor. El caso es que nada más producirse el segundo gol la hinchada alemana desapareció. En el campo eran mayoría pero el silencio se apoderó de ellos de tal forma que ni siquiera eran capaces de animar a un equipo que, a pesar de jugar bien, no daba el 100% y estaba cada vez más perdido.

Lo extraño del caso es que para los alemanes en el campo el partido terminó en el mismo momento en que ——- (el señor futbolista de piel tostada con una cresta amarilla y una cara de malas pulgas que pa’ qué) metía el segundo gol y lo mismo pasaba entre los seguidores en casa.

En casa el silencio era sepulcral, no se oía ni siquiera la televisión del vecino y todo el mundo que vio el partido en casa de alguien aprovechó a volver a su propia casa durante el descanso. ¡Menuda hinchada! Si soy uno de los jugadores me voy a casa o pierdo por más goles, la verdad.

El día después fue peor aún. Caras largas por doquier; gente reconociendo o que estaban deprimidos o profundamente cabreados; hasta el presentador del telediario sufrió en propias carnes la mala leche alemana al comentar que tenía dos corazones en el pecho (el susodicho se apellida Samperoni). Tuvo que dar explicaciones y todo.

Escribo esto porque según palabras textuales del que me aguanta lo que pasó el jueves y lo que aún sigue pasando refleja muy bien la mentalidad del país. En las últimas dos semanas no se hablaba más que de la final que Alemania jugaría. El entrenador teutón asistió a todos los partidos en los que jugaba España; supongo yo que porque esperaba que sería el rival en la final y tan altas eran las expectativas que lo único que ha quedado es mala leche.

Parece ser que los alemanes se creen (y esto no lo digo yo) tan tan tan tan superiores en todo que cuando la evidencia les pone las cosas en su sitio no saben como reaccionar y lo único que queda es tierra quemada.

Uno de los amigos de la familia tenía, y tiene, la bandera de su provincia hondeando en el jardín de su casa, otra en el coche y otra en el jardín que tienen comprado. Pues bien, ayer su mujer decía que ¡iban a ponerla a media hasta o directamente quitarla con lágrimas en los ojos!

Está claro que aquí no hay seguidores de fútbol, lo que hay es mucho alemán que no sabe dónde ponerse en el mundo y vive en la parra pensando que el resto de la humanidad es tercermundista y no sabe limpiar, ojo.

Me da a mí que si Italia juega igual de bien contra España vamos a perder sin remisión. Lo que espero es que allá donde haya españoles no parezca un entierro.

Caligrafía alemana

Que no cunda el pánico. No voy a hablar de letras góticas ni nada parecido, aunque podría haber una conexión…

Centrémonos. Una de entre el millón de cosas que encuentro extrañas en Alemania es la forma de escribir. Me refiero a los garabatos que les salen a los alemanes cuando, bolígrafo o lápiz en mano, deciden escribir algo sobre el papel.

Las aes no son aes, las pes no son pes, las cus no son cus, y así con todas las letras (creo que las oes se salvan). Les prometo que no miento y encima no consigo acostumbrarme. La caligrafía es tan distinta que en cuanto alguien intenta aclararme algo escribiéndolo se me frunce el ceño porque paso más tiempo imaginándome lo que pone que realmente traduciendo. Sinceramente, es mucho mejor que me señalen con el dedo directamente la palabra en el diccionario.

Y para prueba un botón. Esto es buena caligrafía para los estándares alemanes.

Postal recibida hace unos días

Postal recibida hace unos días

¿Qué me dicen? ¿Entienden algo? Pues eso.

Las alemanas y el secador

Hola a todos de nuevo. Sigo viva aunque a veces no lo parezca por lo poco que os escribo pero es que mi vida no es un pozo sin fondo de excitación. Es más bien pura rutina y será que estoy más acostumbrada al ambiente que me rodea y ya no me asusto casi de nada. Y digo casi porque, para qué engañarnos, los alemanes son muy raros.

Hoy me centraré en el género femenino. Allá voy.

Resulta que yo nunca, o casi nunca, me seco el pelo con secador. Antes de echarme la bronca por ello dejadme que os cuente unas cositas porque el tema tiene su aquel.

Años ha andaba yo por La Habana cuando me topé con una señora muy simpática, o eso creía yo por la sonrisa que tenía pegada a la cara. Según se acercaba la buena señora yo pensaba que o me iba a pedir la hora o quería preguntarme, como otros muchos, si era gallega y si quería casarme con su hijo. Pues bien, ni una cosa ni la otra. Allí estaba yo disfrutando de todo aquel cubanismo concentrado y la dama sólo se me acercó para regañarme por llevar el pelo mojado. Sí, sí. Porque llevar el pelo mojado por la calle queda muy feo a no ser que una acabe de salir del agua o esté tomando el sol en la piscina.

Pero aquella cubana no fue la última en regañarme.

Años más tarde poco menos que me obligaron a comprar un secador en Inglaterra porque agobiaba al personal con tanta humedad en la cabeza. Por lo visto los ingleses tienen bastante con el clima como para que llegue una giri con el pelo húmedo y así sin mucho peinar. No point. Por supuesto que utilizaba el secador en contadísimas ocasiones pero maldita la gracia que me hacía; así que el secador fue lo primerito que decidí no meter en la maleta en el viaje de vuelta.

En España, los que me conocen pues no me dicen nada aunque levanto ampollas porque además me ato el pelo estando aún mojado y ¡me deja marcas cuando se seca! Yo pensaba que era mi problema pero no. No sé las veces que me han dado la charla con el asunto cuando a mí me parece de lo más cómodo. Pero en fin.

Alemania es, sin embargo, el país que se lleva la palma. Las alemanas adoran su secador de pelo. Les faltará para comer pero para el secador, jamás. Entiendo perfectamente que a -20ºC en invierno no es una buena idea salir con el pelo mojado por ahí porque además de congelarse el pelo (lo sé por experiencia) parece que las ideas dejan también de fluir y ese es un riesgo que no me puedo permitir. Acepto, por tanto, salir a la calle en invierno con el pelo seco, pero ¿porqué tengo que secarme el pelo con secador cuando estoy en casa y tenemos la calefacción a todo trapo? Pues no, os juro que por no oír a las féminas termino por usar el secador ¡qué pesadas!

Lo peor es cuando en verano a más de 30ºC me ¡miran mal por llevar el pelo mojado! Así que después de indagar me he enterado que por ahí corre el rumor de que si no te secas el pelo bajo un chorro de aire caliente superdesagradable corres el riesgo de pillar la gripe ESPAÑOLA, nada menos. Vaya cosas de las que se entera una.

Pues sí, no sé ¿Y?

Pues nunca me había yo parado a pensar en ello pero parece ser que además de mis muchos defectos hay que añadir el peor de los peores…No sé montar en bici.

Ya lo he explicado millones de veces aquí pero para que nadie vuelva a preguntarme pues lo cuento en la web y así que luego no digan que no quedó avisado cuando le suelte a alguno una sobarbada al preguntar/exclamar por enésima vez:

– Pero cómo ¿¡Que no sabes montar en bici?!

– Pues mira, no.

Y no es por falta de medios pero es que yo creo que no estoy hecha para montar en bici. Qué le vamos a hacer.

Como todo el mundo, yo de pequeña pedí una bici por mi cumpleaños y después de muuuuucho insistir mis padres me compraron la bici más bonita del mundo. Era azul, de la marca…(esperad un momento que lo miro en el google) BH. Preciosísima. Y para aprender me pusieron las típicas dos ruedecitas a los lados de la rueda trasera para no perder el equilibrio en los primeros momentos. El problema es que los primeros momentos se convirtieron en los por siempre momentos porque en cuanto me quitaban una o dos de las ruedecitas me la pegaba sin remisión y yo ODIO caerme.

Digo que ODIO caerme porque mi hermano por ejemplo se la pegó dosmilmillonesdeveces y seguía encantado con la bici pero yo no. Yo ODIO caerme, así que después de unos días intentando de nuevo recuperar el equilibrio en esa máquina infernal, decidí no volverlo a intentar y pasar la super BH a mi hermano que, al fin y al cabo, ya le estaba dando mucho mejor uso.

Por casualidades de la vida, mira tú por donde que acabo viviendo en un país donde si no sabes montar en bici eres un bicho raro. Bueno, raro no, rarísimo y tienes que explicarte y pedir disculpas una y otra vez por algo que aquí se toma como una habilidad con la que todo el mundo nace.

El otro día me dijeron que incluso te examinan en el cole. Vamos, que viene un policía, pone unas señales y allí van los escolares a probar que saben montar estupendamente sobre dos ruedas y además siguen a rajatabla el código vial.

Y yo, a mi edad y sin saber montar. Pero es que sinceramente…me da igual.

Mucho más que dinero

Ya me volvió a pasar y eso que me llevan avisando casi desde que llegué. Mira y remira y no te lances a la piscina que aquí es muy fácil meter la pata y la gente no se corta ni un pelo y te puede hacer sonrojar.

Es de esperar que después de meter la pata una vez pues ya no vuelvas a cometer el error pero es que hay cosas marcadas a fuego en la personalidad y la forma de hacer las cosas de una que no pueden borrarse de un plumazo así como así.

Esta vez ha sido el dinero, sí el cochino dinero y encima no por falta de él, que es lo más triste. Resulta que según llega el buen tiempo evito en lo posible llevar bolso o cualquier aditivo que me pueda molestar así que el dinero, como es lógico, termina en el bolsillo de los pantalones. Pues bien, estando en la ciudad tomándonos una estupenda cervecita bajo el sol primaveral se me ocurre la maravillosa idea de invitar a una ronda y como es lógico, todo el mundo se lo toma muy bien porque, para qué negarlo, aquí nadie se pelea por pagar, ni mucho menos.

El caso es que llega el camarero y muy alegremente pido la cuenta para todos (aquí siempre se paga a escote, cada uno lo suyo directamente con el camarero) y unos minutos más tarde me dispongo a pagar. Y ¿cuál es el craso error que comento?:

  1. ¡Saco los billetes y monedas del bolsillo del pantalón!
  2. ¡¡Los saco al buen tuntún sin que estén perfectamente doblados y colocados por cantidades desparramando las monedas por la mesa!!
  3. ¡¡¡Amontono todo sobre la mesa!!!
  4. ¡¡¡¡Organizo los billetes y monedas para la cuenta separándolos sobre la mesa y encima arrastro las monedas!!!!!!!!!!!!!

Por lo visto casi les da un soponcio a mis acompañantes, o al menos a unos pocos y lo peor es que yo ya sabía que éso podía pasar. Resulta que por esta parte del país el dinero se lleva SIEMPRE en el monedero o cartera, en el que se SEPARAN los billetes de las monedas (y por supuesto del resto de papeles) y los billetes se ORDENAN por cantidades aunque eres libre de ordenar de menor a mayor o de mayor a menor, que para eso estamos en un país libre. Y yo eso no sé hacerlo, vaya.

Ya me pasó hace tiempo que al sacar el monedero alguien comentó cómo podía encontrar nada en semajante jungla y yo, tan ingenua, ni me percaté de la crítica ácida implícita. Ya en casa me comentaron que aquí el billetero, monedero o cartera es otra forma de mostrar a los demás lo ordenado que eres. Vamos, lo mismo que cuando muestras tu casa y debe estar limpia y ordenada, tu monedero debe estar limpio y ordenado porque al fin y al cabo todo el mundo te ve pagar y de cara a la galería ya se sabe todo debe estar en “ordnung”.

Otra vez noté yo algo en el ambiente pero como soy española nadie me dijo ni mu.

Ordnung und Sauberkeit

No hay nada más intrínseco a los alemanes y Alemania que el “Ordnung und Sauberkeit”. Estas dos palabras son tan importantes en este país que merecen una categoría propia en este blog. No hay semana, día, hora o minuto en el que alguno de estos dos conceptos se me presente de alguna manera o alguien me los espete, eso sí con mucha pompa para recalcar que entienden perfectamente que como española no sé de que va la cosa. Tanto es así que emiezo a tenerle tirria a la expresión.

Podríamos decir que la traducción de “Ordnung und Sauberkeit” al castellano sería “orden y limpieza” pero es mucho más que eso. Los alemanes hacen las cosas basándose en lo que implican estas dos palabras; lo cachondo es que en cada casa lo que es Ordnung o Sauberkeit parece ser distinto aunque si algo es alguna de estas dos cosas es que es algo bueno, como debe ser.

Hoy os hablaré más de lo que Sauberkeit puede llegar a significar aunque ya os iré contando más anécdotas con el tiempo. Resulta que mi sobrinillo, que no levanta un palmo del suelo y que hasta ayer no sabía cómo pedir ir al cuarto de baño me dejó de piedra cuando en una reunión familiar ya tarde va a la esquina de la cocina, coge la fregona y se pone a limpiar el suelo. Yo con los ojos como platos le pregunto a la pobre criatura que qué hace y va y me contesta los siguiente:

– Es ist nich sauber (no está limpio).

Toma ya. Miro a mi alrededor para destacar que el crío no anda bien de la cabeza y veo a su abuela con una sonrisa como si hubiese fumado algo, con la baba colgando orgullosísima de que un niño de dos años se ponga a limpiar la cocina porque algo ha caído al suelo durante una fiesta.

Ver para creer. Que el crío estuviera levantado hasta tan tarde, que llevase tocando las narices todo el día, que no quisiera jugar con otros niños o que de patadas a diestro y siniestro cuando le viene en gana queda perdonado en el momento que se pone a limpiar.


La razón de ser de este lugar

Vivir fuera tiene sus cosas. Cada día algo nuevo, una costumbre, una expresión, el aspecto de las cosas y personas que te rodean... Esas cosas son las que me dicen que aquí (sea donde sea) no es como allí. Con esta bitácora quiero contar esas pequeñas cosas que nos hacen distintos y convierten mis estancias en otros lugares en experiencias siempre fascinantes. Por favor, si alguien quiere aportar su granito de arena es bienvenido porque somos muchos que por unas razones u otras vivimos lejos.... pero cerca.
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Lo que da de sí el invierno

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