El fútbol y los alemanes

Escribí ésto para que no se me olvidara pero creo que ha llegado el momento de sacarlo a la luz. Primero porque es una reflexión atemporal, vamos que podía haber pasado ayer mismo y porque dice mucho de los que van a la cabeza de Europa. No es ni bueno ni malo, pero creo que les dará algo en lo que reflexionar. Además pasó en verano.

En algún lugar de Alemania, 30 de Junio de 2012

Siguiendo el consejo del que me soporta voy a tratar de contar lo que pasó aquí hace un par de días. Como todo el mundo sabe en estos días tan convulsos, económicamente hablando, se da la casualidad de que está teniendo lugar el campeonato europeo de fútbol. Básicamente, mientras Europa cae en pedacitos, lo europeos andan más ocupados en saber quién va a ser el próximo campeón de fútbol. En fin.

El caso es que hace dos días (hoy es sábado) Alemania jugaba contra Italia en la semifinal (la otra semifinal la jugaron un día antes Portugal y España siendo la segunda la vencedora). A lo que voy. No habían pasado ni 30 minutos de juego y Alemania perdía por dos goles (2-0) contra una Italia supermotivada y un delantero que daba mucho miedo y jugaba mejor. El caso es que nada más producirse el segundo gol la hinchada alemana desapareció. En el campo eran mayoría pero el silencio se apoderó de ellos de tal forma que ni siquiera eran capaces de animar a un equipo que, a pesar de jugar bien, no daba el 100% y estaba cada vez más perdido.

Lo extraño del caso es que para los alemanes en el campo el partido terminó en el mismo momento en que ——- (el señor futbolista de piel tostada con una cresta amarilla y una cara de malas pulgas que pa’ qué) metía el segundo gol y lo mismo pasaba entre los seguidores en casa.

En casa el silencio era sepulcral, no se oía ni siquiera la televisión del vecino y todo el mundo que vio el partido en casa de alguien aprovechó a volver a su propia casa durante el descanso. ¡Menuda hinchada! Si soy uno de los jugadores me voy a casa o pierdo por más goles, la verdad.

El día después fue peor aún. Caras largas por doquier; gente reconociendo o que estaban deprimidos o profundamente cabreados; hasta el presentador del telediario sufrió en propias carnes la mala leche alemana al comentar que tenía dos corazones en el pecho (el susodicho se apellida Samperoni). Tuvo que dar explicaciones y todo.

Escribo esto porque según palabras textuales del que me aguanta lo que pasó el jueves y lo que aún sigue pasando refleja muy bien la mentalidad del país. En las últimas dos semanas no se hablaba más que de la final que Alemania jugaría. El entrenador teutón asistió a todos los partidos en los que jugaba España; supongo yo que porque esperaba que sería el rival en la final y tan altas eran las expectativas que lo único que ha quedado es mala leche.

Parece ser que los alemanes se creen (y esto no lo digo yo) tan tan tan tan superiores en todo que cuando la evidencia les pone las cosas en su sitio no saben como reaccionar y lo único que queda es tierra quemada.

Uno de los amigos de la familia tenía, y tiene, la bandera de su provincia hondeando en el jardín de su casa, otra en el coche y otra en el jardín que tienen comprado. Pues bien, ayer su mujer decía que ¡iban a ponerla a media hasta o directamente quitarla con lágrimas en los ojos!

Está claro que aquí no hay seguidores de fútbol, lo que hay es mucho alemán que no sabe dónde ponerse en el mundo y vive en la parra pensando que el resto de la humanidad es tercermundista y no sabe limpiar, ojo.

Me da a mí que si Italia juega igual de bien contra España vamos a perder sin remisión. Lo que espero es que allá donde haya españoles no parezca un entierro.

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