Viva el día de la mujer trabajadora

Es definitivo, soy la nueva payasa del grupo. En el buen sentido, por supuesto, pero payasa al fin y al cabo.
Resulta que fui invitada nuevamente, no sé por qué, a la fiesta del día de la mujer (lo que en España llamamos metafóricamente “el día de la mujer trabajadora”) aunque usar la palabra fiesta es un tanto arriesgado. Más que fiesta parece un cumplir porque viendo la poca alegría del personal no sé que sería de dicha reunión si yo no estuviera. Como siempre mujeres de todos los colores, tamaños y edades pero toditas todas (menos yo y mi supervecina) con el mismo corte de pelo apretujándose y abriéndose paso de mala manera de camino al bufé libre. Yo, mientras, tratada sin contemplaciones esperando al final de la cola pero con la fuente de chocolate fundido al ladito (¡toma¡) así que, como podréis imaginar empezando la cena por el postre.
Tras comer a toda prisa sin levantar la cabeza del plato en menos de quince minutos (con el reloj en mano) y ¡habiendo ido a repetir tres veces!, mis contertulianas comienzan a pedir los chupitos, y el dj (dígase de aquel que tiene un portátil y pone una detrás de otra canciones de los tiempos de Top of the pops) que se da cuenta, sube el volumen para que bailemos lo que yo llamo “humpa”.
¿Y qué es humpa? os preguntaréis. Es una especie de pop generado por ordenador con un monótono chunda chunda (humpa, humpa en alemán) de fondo acompañado por una letra estúpida y que los alemanes bailan agarrados (aquí hasta a Lady Gaga la bailan agarrados) cantando y moviéndose como si de un desfile militar se tratara.
Aquí es donde entro yo y dejo claro, como cada año, que de agarradas (porque no hay hombres en una fiesta de mujeres, como es natural) nada de nada, que yo no sé bailar así más que los pasodobles y que corra el aire porque además no puedo si quiera entrar en conversación.
El dj avisado de que soy guiri (la única a 15 km a la redonda) empieza con el “Volareee, oh oh, cantare, oh, oh, oh, oh!” y yo me dijo: ¿quieren cachondeo? pues lo vamos a tener y acto seguido me pongo a hacer el chorra (muy normal en España pero nada apropiado por estos lares) con una flor azul de plástico en el pelo moviéndose al mismo ritmo que mi cabeza y haciéndose partir de risa a todo el mundo y como quiera que la música iba a peor pues yo más el chorra que hacía.
¿Qué conseguí con ello? Que mi vecina no me dejara sentarme en dos horas, que sudara como un pollo con la cara casi violeta del esfuerzo -a juego con la flor-, que las señoras de mi entorno no pararan de reír y, atención, que antes de marcharme el dueño de local me pidiera que volviera al año que viene.
Conclusión: Soy la payasa del grupo.

2 Responses to “Viva el día de la mujer trabajadora”


  1. 1 La inquieta mirada abril 4, 2011 a las 8:42 am

    Me parto con tu anécdota, lo de comer con son levantar la cara del plato es algo que no deja de asombrarme… Lo de la invitación para la próxima fiesta… era de esperarse.
    Saludos


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